Amb Tu caminarem!

¿Qué les pasó a los discípulos de Emaús para que dieran la vuelta en redondo en el camino de sus vidas? Tuvieron un encuentro con alguien que les descubrió el sentido de las Escrituras, les mostró cómo Dios se ha implicado en la historia y les invitó a implicarse como protagonistas. 

La decepción de los discípulos de Emaús Jesús la transforma en entusiasmo, descubriéndoles el sentido de lo que ellos juzgaban como un fracaso. Pero cuando realmente lo reconocen es al partir el pan, el momento en que les muestra que ellos forman parte de esa historia de salvación que Dios está llevando adelante. La Iglesia, familia de los hijos de Dios, está unida en cada Eucaristía, donde se nos invita a revivir la experiencia de los discípulos de Emaús. Así cambiamos el rumbo de nuestra vida una y otra vez, de la frustración y la decepción a la esperanza emocionada y la alegría renovada. 

Estos días de peregrinación a Lluch hemos vivido esta misma experiencia. Jesús nos ha salido al encuentro, invitándonos a caminar de Deià a Lluch. La lectura de la Eucaristía hablaba del maná en el desierto que para nosotros fueron cuatro ángeles que desde la sombra nos “sobrealimentaron”. Cuando te fías de Dios y te pones en camino Él provee siempre todo lo necesario, y no faltaron lugares donde comer, descansar, reír y dormir a cubierto cuando llovió. Dos padres de familia madrugaron para aliviar nuestro camino llevando el equipaje. Uno de nosotros tuvo un problema de salud, y allí estuvo la enfermera que lo cuidó y el médico que lo atendió. El rector de Sóller y su puerto nos acogió gran disponibilidad y entusiasmo, animándonos a contagiarnos del virus de la fe que todo lo cambia, y contagiarlo al mundo entero. Nos impuso unas cruces que nos hicieron presente esta misteriosa puerta que Dios ha elegido para entrar a la Vida. Fuimos testigos de este contagio de la alegría en el tranvía de Sóller, cantando con unas hermanas nuestras a pesar de hablar distintos idiomas. A veces la ayuda de Dios es descarada, como cuando desorientados en el laberinto de calles de Sóller, donde ni el gps ayudaba, aparece un motorista que nos lleva a la puerta de nuestro destino. Tampoco faltó un veterano de las montañas mallorquinas que nos guió por antiguos caminos que nuestros antepasados abrieron para llegar a Lluc por parajes de una belleza extraordinaria, sin subir o bajar más de la cuenta. Hubo de quienes se sacrificaron, renunciando a caminar para no correr riesgos innecesarios y estar al servicio escondido del grupo. Su entrega y alegría ayudaron a verificar que lo que estábamos viviendo era verdad. 

Sabíamos que caminábamos en comunión con toda la Iglesia, pero nos lo recordó una familia de Sóller que nos encargó llevarle una ofrenda a la Virgen de Lluch de su parte. También las laudes, oración universal de la Iglesia, que rezamos aquél sábado por la mañana. Esta oración se hizo música durante toda la peregrinación, nos acompañó e hizo bailar (a unos con más gracia que a otros 🙂 )

El Señor dispuso que el sol no nos castigara en la subida más dura del camino, pero no nos ahorró la lluvia en un momento complicado de bajada. Cada uno lo vivió distinto, pero la cruz estuvo presente, aunque no fue para tanto. A muchos, poco después, se nos había olvidado. Pero sufriendo nosotros o no, había hermanos nuestros, en algún lugar del mundo, que sí sufrían, y nos acordamos de ellos y rezamos por su perseverancia. Los ángeles que nos cocinaron nos regalaron unas cruces, que cada uno llevará a un hermano suyo que está sufriendo y por quien ofreció su caminar. 

Nos sobrecogió el testimonio de un joven venido de Irak, cuya alegría y fuerza nos hablaron durante todo el camino de la bondad y sencillez de Dios. Un amigo y ministro de la Iglesia nos acercó la Eucaristía, donde se hizo visible más que nunca la fraternidad que emana de ella. Sentirte en familia con personas que acabas de conocer. Te dan ganas de gritar toda tu vida que esto es lo que necesitamos para unir a la humanidad entera, pero a ejemplo de San Ignacio de Loyola la reforma tiene que empezar por uno mismo y dejar que, persona a persona, otros descubran el origen de esta alegría, tan infinita como gratuita. 

La Virgen, sencilla y humilde como siempre, no quiso protagonismo, aunque entramos en el santuario rezándole la oración de los pobres: el rosario. La sonrisa de nuestra madre que nos podíamos imaginar, el abrazo del prior de Lluch, la satisfacción de haber llegado a buen puerto sanos y salvos, el relajante baño en la piscina… borraron la frontera entre lo visible y lo invisible y la fe se hizo más natural y creíble. En nuestra vida de cada día volverán las dudas y dificultades para creer que todo en nuestra vida es signo visible de una realidad invisible. Sin esta fe perdemos el sentido de lo que somos y hacemos. Pero… con el regalo de la Eucaristía en el centro de nuestra vida ordinaria, estando atentos a la compañía providente de Dios y sin miedo a dar la vuelta en redondo las veces que haga falta… ¿no puede seguir siendo la fe tan natural y creíble como esos días de camino a Lluch?


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Gràcies a tots per la vostra participació a la Vigília de la Immaculada!

L’església de Santa Maria la Major acollí el passat dia 7 de desembre una vigília amb joves de diverses comunitats de Mallorca que es trobaren per pregar a Maria, al costat de la comunitat cristiana d’Inca. Joves i grans s’uniren com a poble en una hora d’oració amb exposició del Santíssim, pregàries i cants per demanar la maduració en la fe i la descoberta de la vocació dels més joves i pels malalts i difunts de la pandèmia. Durant la Vigília també es llegiren dues cartes que s’intercanviaren un grup de joves de la UP de la Mare de Déu amb una missionera mallorquina de 84 anys. 

Margalida Mascaró, missionera dels Sagrats Cors, els donà un testimoni de fe i de seguiment de la crida del Senyor que sentí a l’edat de 17 anys. “El Senyor parla de veritat al cor – els digué-. Ens indica el camí i et dona la força per vèncer les temptacions. Jo l’he seguit i he estat molt feliç”. Com a mètode de trobada amb Déu els indicà l’oració: “La fe és una planta que necessita aigua perquè si no s’asseca. L’oració és aquesta aigua que la rega”. Per part seva, els joves respongueren agraint als més adults en l’edat i la fe que “ens recordin el sentit del dolor i de l’alegria”.

El rector de la UP, Carles Seguí, encoratjà als joves a seguir el seu camí de fe i assegurà que “la vida és un do, que convé saber com gastar-lo”. “El Senyor té un projecte per a tu, no t’aturis”, afegí. També assegurà que per a què la societat mallorquina torni a girar la mirada cap a Déu “és necessària la fe dels joves, la teva fe, perquè només creuran si veuen que tu creus”. Per al rector aquests moments de pandèmia i de soledat són una oportunitat per tornar a centrar la nostra vida en el Senyor.

La Vigília es celebrà respectant les mesures de seguretat de distància i mascareta i demostrà que malgrat les restriccions i la pandèmia és possible i necessari que la comunitat cristiana es continuï trobant per demanar per les nostres necessitats i les de tot el món.



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